EL TEMPLO DE LA DAMA ROJA

TOMA, MUERDE.

Toma, muerde la inmortalidad que te tiendo.

Ahora que sabemos que el pecado original nunca existió.

Ahora que sabemos, que el pecado es un plagio secundario.

Contigo convertida en Uno, abro las puertas del paraíso.

Bendigo que la serpiente me tiente.

Pulsar los profundo recovecos del Templo del cuerpo,

ser ciudadana del Goce.

Toma, muerde.

Pues la manzana que Él muerde, solo puede ser ofrendada por Ella.

Y es este el sacramento más sagrado.

Que dos se hagan Uno, en el olvido de sí mismos.

La boca entreabierta, barbilla que asciende, manos que se alzan,

aliento, preñada de nosotros.

Sentí la brisa que levantó el aleteo, pero les dije a los Serafines,

que nos tomaran a los dos o si no, te esperaría.

Te haría más ligero, pero aún necesitaba la mentira del tiempo.

Me quedé aquí, en la tierra contigo.

No en vano Eva y Adan estaban desnudos,

cuando desafiaron a la Muerte.

Las vestiduras del Paraíso eran sus ropas.

El sello de la Vid, alegoría del linaje sagrado

que poblaría la Tierra. Sin pecado concebido.

Somos los hijos de la Vid, somos los hijos de la Serpiente,

somos los Hijos del Paraíso.

Sé convertirme en la ternura de las células.

Toma, muerde.

“Diseñada desde el origen para el goce”, eso me dijo mirándome a través de las cadenas del tiempo. En ese presente que solo los brujos saben habitar. “Más allá de todas la puertas de las que has sido, te hallas esperándote” Me inquieté, porque aún debo borrar los fragmentos de mi personalidad, que creen que depende de mí que ocurra. Como si fuera el “yo” el que se encarga de esos asuntos. Su pelo blanco emitía destellos de plata, con un ojo miraba el afuera y con otro el adentro, es decir, era tuerto como Odín y como Odín, debió de entregar algo, a cambio de adquirir esa visión interior que siempre me dejaba desnuda.

Falta de maestras aquí, acudí al regazo de la Sabiduría, que me acogió como Hija Amada en su Templo Rojo. Es difícil poner palabras a lo que se halla más allá del velo y por eso se hace urgente intentar el modo. Convertirse en la reunificación de todos los fragmentos de nuestra alma, traerlas de vuelta de todas las esferas y dimensiones, ser completa.

Ya casi nadie cae postrado ante tu exaltada y devastadora belleza. No te ven. Ese día besé el suelo como lo hacen las enamoradas. El yo, disuelto en tu arrobo, soltó las riendas, y las manos que las tomaron eran nuevas y arrojaban fuego. Esmeraldas puras del fondo de la Tierra formaron un holograma en la palma que quería instruirme en la Energía y su manejo. Aprendí. Sané. Y supe que la Sanadora nos había acompañado en y desde el Origen (si es que hay un cuándo).

Eso también lo habíamos olvidado o actuábamos como si tal cosa.

El Juglar Brujo entonó, como siempre que le visitaba, una canción de la Gran Historia, “….Gran Dama Azul del Lapislazuli, perdona a tu pueblo…” repetía con el corazón en la voz, una y otra vez.

Lagrimas vinieron, lagrimas rodaron.

A su casa también se iba a derramar Lagrimas de Amor.

Vi los muslos manoseados, arañados, profanados…ropas que se rasgan, huida infructuosa…Y sabía que en lugar de lamentar, tocaba perdonar. La lógica no servía, perdonar lo imperdonable era posible.

Ella degradada, ella tergiversada, ella lapidada…Y Ella perdonando.

No sabían Ver que la Iniciación que tú brindabas, se hallaba más allá del cuerpo, más allá del insitinto, más allá del deseo. Parecía cuerpo, instinto y deseo, porque eran las esfinges que había que atravesar para entrar en la Camara Nupcial. Solo un gran amor podía brindarse a tal cometido. Ejecutar la danza y domar a la bestia, aún a riesgo de ser devorada.

Cabalgar el dragón de fuego.

Dejaron de brindarte la protección que tu tarea exigía, pero no hay culpables. Nunca existió un por qué, sino un para qué. Tú no podías ser muerta. Renacerías en otras, de nuevo, hasta estar preparada para perdonar. Hasta no ver falta en los corazones de los hombres, sino solo Ignorancia. Fue la Ignorancia la que engendró el Pecado Secundario. Perdónalos, Gran Dama Azul del lapislazuli, porque no sabían lo que hacían.

La canción cesó cuando la Historia descendió y fue recordada para ser liberada. Una sola frase sirvió para dar con toda una vida. Así funcionaba, era necesario Ver para trascender. Bendije las Visiones enviadas que me estaban transformando. Después de ejercitarla por años, ahora la Visión y el Cometido se habían unido.

En un mundo que tacha de dementes a los Visionarios, y secuestra la palabra para otorgarla a los apolíneos, no tenía ningún sentido.

En el mundo que yo habito, lo improbable es posible y la Magia aliada.

Después, la Dama Roja perdonó….

 

Sofía Gutiérrez.

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2 comentarios en “EL TEMPLO DE LA DAMA ROJA

    1. Gracias a Ella siempre, cuya insondable Sabiduría regresará a muestros corazones. Gracias a ti Natalia, por sentarte a escuchar su mensaje a través de mi humilde visión.

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