Cabalga a tu Dragón


La Grande ama más que ninguna.
Ama tanto que elige expandirse, 
para poder derramarse entera.

Ella es en mí la que no pudo permitirse “me conformo”,
con las que me sugieren habitar...
Y voy y habito, y no son Ella.
Con las que se me cuelan por las grietas de la culpa y el miedo,
y me muestran de nuevo el  no-camino a seguir.
(El no-camino es un camino certero también, si no lo sigues)

Monstruos que se muestran,
porque solo “mounstruándose”*,
podemos cortarles la cabeza.

No creáis que insinuó que no sea todo perfecto.
El tiempo siempre entrega, 
para quien lo quiera reconocer,
que el entramado completo se despliega cuando todos los hilos
han sido perfectamente urdidos.

No cuestionar su color, grosor, ni conveniencia...
y saber que cada uno de ellos rinde culto al Gran Tapiz,
que como todo lo grande,
requiere paciencia y dosis de confianza.

Las Moiras saben lo que hacen.
Estoy dispuesta a dejarme sorprender 
en el vislumbre del principio del final.
Veo asomar un cuerno de unicornio
y una promesa muy antigua,
dispuesta a ser cumplida.

Despido las que no soy,
las entrego al perdón que la Grande profesa.
Esas que fui y ya no estoy siendo,
porque Ella, la Grande, ya no vive más en el pasado. 

Elige a la gente que le hace ver sus miserias , 
sin un tú acusatorio.
Con ese “todo lo que ves, eres TÚ” 
cargado de revelación milagrosa.
Hay un modo os lo garantizo,
y lo mapearé con profusión.
Un modo ausente de juicio y cargado de goce.
Un modo que es el proceder de Ella.

No siempre estamos a su altura,
a veces incluso,
para poder mirarla de frente,
pretendemos bajarla,
cuando ella “nos descubre en el ascenso”**.
Ese que eleva los monstruos a la luz,
que todo lo disuelve.

Se deleita en carcajadas que hacen temblar al ego,
Sabe reírse revolcándose por el suelo
al lado de un fuego de Verdad,
precisamente de aquello que el ego vivió, 
como dardos envenenados. 
Le da la vuelta, no por frivolidad,
sino porque Ella sabe que solo cuando eso es posible,
se está sanando.

Hace confluir todos los tiempos y todos los espacios,
revelando la memoria.
Gracias a que yo también fui todas aquellas, 
ahora puedo verla. 
Y a veces, justo por esas, te me velas.
Por eso, sé que tengo que buscar, 
el diamante y la carroña
en el mismo bendito lugar.
De nuevo, Gracias.

Hace remolinos con galaxias.
Está preñada de tantas cosas que quieren nacer …
Crea mundos nunca antes conocidos.

Y por los senderos de la Belleza transita
cabalgando al Dragón.

Eligiendo que el amor, 
derroque al miedo.

Sofía Gutiérrez.



- *“mounstruándose”: Dícese del mostrarse de los mounstros.
-**”Yo te descubro en el ascenso”: 302 Pliego 15 del “Evangelio de María Magdalena”



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