Los Círculos de Mujeres

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Caemos en la magia y la magia nos devuelve,

a nosotras en ella transformadas.

Y nosotras en ella transformadas, la levantamos al cielo,
para después entregarla a la tierra.
Caemos como si un pozo de los deseos misterioso
abriera su boca bajo nuestros pies
y nos invitara a mojarnos.
Para después girar en espiral guiadas por la estrella polar
hasta que la Corona Borealis se asienta en nuestra cabeza.
Hacemos girar el tiempo y el espacio,
le damos aliento a lo que de intangible y cierto
hay en nuestro interior.
Navegamos rumbo al horizonte de nuestros sueños,
para descubrir el infinito una vez allí.
Hacemos girar en uno solo, pasado presente y futuro.
La rueda se para en el centro,
y nuestra mirada se posa en todas las que podemos llegar a ser.
En las que no fuimos y nunca seremos, en las que siendo,
todavía son y en las que no siendo, podemos ser.
La palpamos para comprobar que es real,
nos metemos bajo sus faldas,
tomamos su elixir de leche y miel,
y en su grandeza, ella nos empequeñece para encumbrarnos.
Caemos en la magia para rescatarnos,
rememorarnos y reconfortarnos en ella.
Y de ella parimos las hijas de la magia,
en forma de emociones, saberes y arte.
¡Somos hijas de magia!, proclamamos
la Magia recoge nuestra invocación,
y nosotras mismas volvemos en ella transformada.
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-MANIFIESTO FEMENINO-

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Sacaré mis pechos, mi pubis, mi melena…

-no me interpretéis mal-,

no como pura mercancía de la que

se vende ahora. No, las sacaré como

la mujer que soy, entera, orgullosa, digna leona.

Sacaré mis uñas de luna

mis dientes de plata.

Como mujer sabré redimir mi tristeza,

baranda quieta que me sobrecoge.

Si he de hacerlo,

encenderé fuego en la cueva

para recordar las antiguas leyes del tiempo.

Sacerdotisas por doquier esperamos

la señal.

Mujeres gatas, serpientes, cebras,

por toda la tierra,

desde los confines salpicados de mar,

hasta las más altas cumbres.

La mujer espera la señal y majestuosa, sola consigo,

ha de levantarse.

Levantará sus pechos -tantas veces prostituidos-

sus caderas, sus uñas, su melena.

Nunca más doblegadas.

Nunca más sublevadas.

Mujeres gatas, cebras, panteras

que se levantarán a lo largo y ancho

de la tierra

para restituir el antiguo-nuevo orden.

Si hemos de quedarnos solas,

no estaremos solas.

Nosotras somos la que paren los hijos de la tierra.

La revolución ha empezado,

mujeres del mundo, dueñas de su destino,

amaros a vosotras mismas,

que el tiempo de despertar está cerca.

Sofía Gutiérrez.

artemis